Sin Rosario, sin pena, ni Gloria

«¿Hará frio  más tarde?», le pregunté a Gloria cuando salía de mi recámara. Escogí un abrigo de ante y peluche en las solapas y le volví a preguntar: «¿No es too much que me ponga esto?». «Cómo crees», me dijo. Me sentía sobrevestida.

Salimos de la casa y tomamos un taxi. Llevaba más dinero del normal porque tenía que ver a unos judiciales y darles una lana para que me arreglaran un asuntito pendiente. Nos metimos a Liverpool, compramos unos chocolates y metimos en una  bolsa de esas grandes de la  tienda la comida que nos sobró de los Bisquets de Obregón..

Me sentía rara. Salimos a la calle. Pleno insurgentes. Hicimos la parada. Un carro derrapó ante nosotras rechinando llantas. Siempre me fijo si los taxistas traen un rosario colgado en el espejo: este no lo tenía. «Nos espera un aventurón», le dije a Gloria cuando nos subimos.

El chofer (jamás olvidaré su cara) nos dijo que mejor se iba por el eje 5 porque el tráfico estaba bien grueso. Estábamos mandando mensajes por el cel y ni cuenta nos dimos que se había metido por una calle medio desierta. Un frenazo brusco, se echa en reversa y se suben dos chavos, uno adelante, otro atrás, con nosotras: «Cierren los ojos, hijas de la chingada, o las matamos o las violamos o…. Vacíen las pinches bolsas»

Nos quitaron todo lo que llevábamos encima. Salvé el reloj porque tenía la mano entre mi cadera y la de mi amiga. Sacaron las tarjetas de débito, me pidieron las claves y otra vez la amenaza de matarnos o violarnos o…Mi amiga chillando como un niño el primer día en el kinder. Teníamos como media hora de cajero en cajero. Nos preguntaron que si éramos extranjeras (¿por el abrigo?). Yo estaba tranquila: así  reacciono en las situaciones límites. Abrí un momento los ojos y me dieron un manotazo en la cara. Pensé en mi nariz operada y volví a cerrar los ojos. Gloria les dijo que no me pegaran, que estaba enferma (siempre le dice eso a la  gente de mí). Me preguntaron el nombre de mi enfermedad: «Síncope Neurocardiogénico».  Creo que les pareció peligroso porque nos dijeron que ya nos iban a dejar ir. Nos invitaron amablemente a bajar, con los ojos cerrados y, al  final, me quitaron el abrigo. Yo sigo pensando que fue el culpable, o los pelos de la solapa o…. Hasta el rosario me quitaron.

Antes de cerrar la puerta, Gloria me mira y le digo que sí sin abrir la boca. Sacamos nuestras armas y acabamos con los  tipos….

—¿Y el abrigo? ¿Te lo vas a dejar? dijo ella.

—Ahí te lo encargo, no pensaba usarlo en tu funeral…( jamás le perdonaré lo del too much)

Nunca he sabido quitar las manchas de sangre en el ante y a ella siempre le gustó.

San Jerónimo, México, D.F.  mayo 2008.

Alicia Álvarez ©

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Published in: on 7 junio 2010 at 10:34 pm  Comentarios desactivados en Sin Rosario, sin pena, ni Gloria  
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